Pasados...
Recuerdo porque no tengo otra forma de huir de mi pasado, un tiempo no muy lejano, hace apenas unos meses en los que viví en un pueblo murciano.
En él pareciera que se hubiera parado el tiempo, casi no había bancos, cafeterías, farmacias y la cultura había llegado relativamente tarde al lugar por medio de una biblioteca que prácticamente siempre se hallaba vacía.
Yo era por entonces mucho más joven a pesar de que de aquello sólo han pasado unos meses y no tenía muchas cosas sobre las que sostenerme, en las que encontrar el apoyo porque en realidad estaban mucho más lejos de lo que me hubiera gustado, a unos doscientos kilómetros de donde estudiaba. Así que tenía que sobrevivir de algún modo a través de mis nuevas costumbres, gracias a unas personas que entraron en mi vida con una absoluta pretensión por ambas partes, tanto por parte mía como suya.
El hombre más feliz era yo cuando alguna que otra tarde bajaba a hacer una visita a mi compañero de universidad y esas personas me trataban con tanto afecto, casi como si me conocieran de toda la vida; por lo que un tiempo después, convencido de aquel cariño me fui a vivir con ellos.
Los primeros meses en la casa fueron fabulosos, hablábamos en la comida sobre todo tipo de temas y con una confianza que pudiera asustar a cualquiera, reíamos y charlábamos hasta perder la noción del tiempo y uno pues se sentía mejor cuando les contaba algo que para él tenía importancia. Lo mismo hacían ellos y contaban historias fabulosas que te dejaban con la boca abierta.
Vivía con un matrimonio y dos personas más, encantadoras todas ellas hasta que pasaran unos meses. Sólo para una de ellas mi afecto no ha cambiado y la extraño. Perdónenme si no doy nombres, no quiero problemas pero es que últimamente he leido ciertas cosas y claro, uno no es de piedra.
Paradójicamente las noticias, de las que en un futuro prentendo vivir, delataron a mis compañeros de mesa en más de una ocasión, cuando al hablarse de un tema en la comida salían las verdaderas caras de la realidad, llenas de odio y dolor con respecto al mundo; mientras que de sus bocas salían palabras envenenadas contra todo tipo de personas y posturas ideológicas.
No obstante, como en la casa había dos personas que tenían que llevar aquello más de una vez se mordían la lengua o ocultaban con ideas sus propios pensamientos, de modo que parecían algo confusos e inaccesibles en ciertas ocasiones.
Sus bocas expulsaban veneno con belleza, como si en realidad una cosa fuera de un modo y no de otro. ¿o de una forma o de otra? Esto me lo preguntaba más de una vez y es curioso cómo pasado el tiempo una realidad que se había mostrado cegadora empezaba a clarearse y te dejaba ver al escenario y los personajes de la obra como eran en verdad.
Pero lo realmente gracioso del tema es que cuando quería opinar sobre algo tenía que hacerlo razonadamente, con argumentos de todo tipo y esto no cambió hasta el tiempo de un año, cuando dejé aquel lugar.
Llegué, sin embargo, a encapricharme con ese pueblo y esa gente y una vez pensé que repetiría año allí, pero nada de esto sucedió. Tampoco es que a estas alturas me arrepienta de no haber podido quedarme.
Lo que me resulta verdaderamente triste es que una de esas personas con ideas tan radicalizadas haya abierto un espacio en Internet, valiéndose de la coctelera para dejar en su página una sucesión de textos que se basan en mentiras.

-- dijo
Increíble...
20 Diciembre 2006 | 08:09 PM